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Claro Obscuros – Soberanía

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Por: Víctor Bravo Piña

La soberanía no es un invento reciente. Jean Bodin, en el siglo XVI, la definió como el poder absoluto y perpetuo de una república. En pocas palabras: el derecho de un pueblo a decidir por sí mismo.

¿Por qué recordar esto hoy? Porque, una vez más, el presidente de Estados Unidos ha intentado opinar en los asuntos internos de México, especialmente en temas de seguridad. Y esa injerencia vuelve a poner en duda hasta dónde llega nuestra independencia como nación.

Algunos creen que la única salida es aceptar la ayuda de los gringos. Sin embargo, muchos estamos convencidos de lo contrario: nuestro mayor problema es vivir tan cerca de ellos. México necesita reafirmar su soberanía, que está en el pueblo, tal como lo establece el artículo 39 de la Constitución. Ese artículo es claro: todo poder público emana del pueblo y se instituye para su beneficio. Y lo más importante: el pueblo puede modificar su forma de gobierno cuando lo decida.

En esencia, la soberanía parte de una idea poderosa: el poder supremo reside en la voluntad general. Gracias a ella se construyó el Estado moderno y se forjó nuestra política. Para México, este principio no es solo teoría: es la garantía de nuestra independencia y de nuestro derecho a decidir nuestro propio destino.

Es cierto que hoy enfrentamos un problema de seguridad que preocupa y duele a millones de mexicanos. Pero en medio de esa urgencia no podemos olvidar los riesgos de ceder nuestra soberanía. Perderla, aunque sea en nombre de la seguridad, significaría hipotecar nuestra independencia y entregar a otros la facultad de decidir por nosotros. Y cuando un pueblo deja de decidir, deja también de ser libre.

La soberanía, al final, no es un concepto abstracto. Es la voz del pueblo y la defensa frente a cualquier intento de intervención externa. Pero también es un compromiso: defenderla no depende solo de discursos o artículos constitucionales, sino de la voluntad ciudadana de ejercerla con responsabilidad.

La pregunta es inevitable: ¿queremos ser espectadores de cómo otros deciden por nosotros o protagonistas de nuestro propio destino? La soberanía existe en la medida en que el pueblo la asuma, la viva y la defienda día a día.

VBP

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